sábado, mayo 31, 2014

BOLIVIA: LA BALCANIZACIÓN DESCUBIERTA

Por Rafael Bautista S.
Las revelaciones, del periodista español Alonso, muestran la clase de oposición que enfrenta un proceso que, en democracia, se propone reparar siglos de opresión y exclusión. Lo que se pretende hacer de modo pacífico, es insensatamente resistido, socavando toda posibilidad de resolución democrática. La insensatez provoca lo que reprocha: la violencia que condena es la violencia que ella misma estimula; si se le cierra el camino a una revolución en democracia, lo que abre, la misma derecha, es la apuesta por la violencia. De ese modo regresa a su condición: no es demócrata, es fascista.
Su modo de constitución son las dictaduras, en ellas se imagina una cáscara democrática para su dictadura prolongada; por eso, inevitablemente, ensucia la política, porque la convierte en la pura legalización de sus crímenes. En su apuesta reedita su carácter antinacional: está dispuesta a descuartizar su propio país, si ello garantiza su poder. La historia lo confirma: el que está acá sólo por la riqueza no ama esta tierra, su propio país se convierte en un medio para sus fines, por eso vive mirando para otro lado.
Su desarraigo le condena a la dependencia: se hace subalterno de otro poder al cual se inclina; por eso amenaza todo intento de liberación, porque su sometimiento no sabe sino someter a todos para someterse mejor: el miserable hace más miserables a los demás, para hacerse menos miserable. Porque en su miseria no puede consentir que sus víctimas le enseñen a ser libre; su desprecio es el que le impide reconocer a quienes luchan, hasta por él mismo: siendo libre gana menos, cuantitativamente, pero gana cualitativamente, se hace más humano.
La guerra no es nunca solución sino la imposibilidad de toda solución; quien cree que sale ganando con ella, no es iluso, es cínico. Por eso no pelea él mismo sino contrata a otro; en su arrebato, no mide consecuencias: cría cuervos que le sacan los ojos. El terrorista Rosza no venía a inclinarse ante nadie. Él era una criatura del terrorismo global, de la lógica suicida del capitalismo salvaje: morir matando a todos. La fuerza del terrorismo actual consiste en su predisposición al suicidio; su amenaza señala: si no hay alternativa, la única alternativa es matar toda alternativa. Su oficio se exhibe de modo fervoroso; su culto hacia la muerte destruye todo propósito. No lucha por ideología; la razón de su lucha es la lucha misma. Su lucidez consiste en haber renunciado a todo potencial de razón; no le interesa justificarse, su acción se justifica por sí misma. La guerra suspende toda apelación a la razón: la guerra se convierte, para  el terrorista, en un culto y matar, un acto de fe.

EL TERRORISMO GLOBAL

Por Rafael Bautista S.

La actualidad del terrorismo evidencia las consecuencias de un mundo sin alternativas. El triunfalismo neoliberal propició, de este modo, su más temible utopía: el fin de todas las utopías. En eso consistía la última conquista moderna. Por eso, el fin de la guerra fría dio lugar al frío de la guerra infinita. El triunfalismo de haber vencido al “big red dog”, ponía al “mundo libre” sin rival alguno; ya no tenía que demostrar nada, había conquistado todo, el mundo ya no tenía más alternativas. Pero si no hay alternativas, entonces, ¿qué queda? El que acaba con todas las alternativas, se priva a sí mismo de toda alternativa. Lo que le queda es el suicidio. Así amanece el siglo XXI, con el (auto) atentado suicida a los santuarios del mercado: los colosos gemelos.

Se trataba de un deicidio, lo que desata un odio infinito: el bien contra el mal (¿dónde que la modernidad no era religiosa?). La insensatez de la respuesta desata la condición original del conquistador (el inicio de su marcha lúcida hacia la destrucción total): el genocidio global. Pero ahora el conquistador, triunfante, y con la bendición mediática, ya no necesita ocultar sus intenciones. Se hace cínico. Produce terror para acabar con el terror imponiendo más terror. Las crisis que genera ya no le quitan el sueño, pues generando más crisis cree estar lejos de ella y, si pese a todo, la crisis le llega, entonces la exporta. Un mundo sin alternativas es preso del terror. Las guerras de cuarta generación expresan esta apuesta. La reconquista moderna busca acabar con aquello que su tecnología ha desplazado y hecho prescindible: los sobrantes, los pobres del mundo. Ya Toffler sentenciaba, de esta manera, a los “casualties” del mercado: “se los va a cortar brutalmente”.

Por eso las pandemias ya no han de ser casuales, son parte de una estrategia. Si USA ya podía fabricar armas biológicas, en Los Alamos, usando muestras de gripe aviar de la propia OMS; no resulta raro que laboratorios militares gringos ya hayan perfeccionado estas armas con virus porcino, aviar y otros que no tienen respuesta inmunológica. Diversas investigaciones actuales señalan que estos laboratorios han alterado enfermedades virulentas, de tal modo, que ya no hay defensa contra ellas y que éstas, además, han sido esparcidas en diversos lugares del planeta. Algo que llama la atención: en 1971, la CIA había proveído a gusanos cubanos de virus que causan fiebre porcina; seis meses después, en Cuba, se tuvo que sacrificar medio millón de puercos y, ojo, la población fue posteriormente afectada por el dengue (la reciente epidemia de dengue que sufrió Bolivia, podría estar ligada a algo que ya se venía denunciando: la fumigación sospechosa de extensas áreas del Chapare, por parte de la DEA, antes de su retiro forzoso).
Esto es parte de una planificación del desastre o una producción por la destrucción, como aquella que sufren los animales que luego, son consumo humano (el hacinamiento, la alimentación artificial de suplementos hormonales y químicos –que coadyuvan a la evolución de enfermedades patógenas–, responden a un principio de rentabilidad, inherente a la lógica del capital); pues estos son objeto, dentro de la producción pecuaria, de un descuartizamiento físico y psicológico: todo esto es posteriormente depositado en nuestra corporalidad porque es nuestro alimento principal. Un modo de producción es también responsable de estas hecatombes. Lo cual se halla además relacionado con toda una estrategia global de expansión de mercados. La gripe porcina aparece justo cuando las grandes corporaciones farmacéuticas registran serias bajas en sus cotizaciones; es el caso de la suiza Roche, que controla el 90% de tamiflu (producto altamente demandado para contrarrestar la gripe porcina). Para poner el cherry sobre la torta: Gilead Science Inc., tiene los derechos sobre el fármaco tamiflu y, cosa curiosa, Donald Rumsfield, ex secretario de defensa de la administración Bush, dirige tal consorcio. Provocar una pandemia se trataba de un negocio altamente rentable.

martes, mayo 20, 2014

“CRÍTICA DE LA RAZÓN BOLIVIANA”

 “CRÍTICA DE LA RAZÓN BOLIVIANA” 
Elementos para una crítica de la subjetividad del boliviano-latino-americano 

PROLOGO
El pro-logo es lo que está antes del logos. La palabra griega logos, habitualmente se la ha traducido por razón, en realidad quiere decir palabra y razón, porque no existen razones independientes de la palabra. Las razones se dicen, se expresan, es decir, se hablan y se comunican. Sin embargo, para comunicar las razones, no bastan las palabras, sino que ellas necesitan para ser dichas, de los hablantes, es decir, de seres humanos vivos. Por eso es que la inteligibilidad de las razones y las palabras no se
pueden separar de quienes las piensan y las dicen. Así las palabras y las  razones son humanas porque son mundanas, siempre se despliegan en un  horizonte histórico de sentido, que llamamos mundo de la vida.
Estas razones tratan de un mundo en concreto, no del mundo o de la humanidad en general, sino de una humanidad específica, ubicada en el tiempo histórico y un espacio social llamado Bolivia. Porque la razón no es universal en sí misma, sino que aspira siempre a la universalidad, no siempre lo logra, aunque siempre la pretenda.
El logos como palabra y razón es comunicativo. Esto quiere decir que el logos como ejercicio de la razón, es decir, de la acción racional, sólo se da  con razones y; razonando, es decir, hablando, comunicando lo que se está  pensando o queriendo pensar, es como se realiza. Así el logos dia-lógico para ejercer presupone ciertas condiciones bajo las cuales es posible ejercer racionalmente las palabras y las razones. Presupone por ejemplo el reconocimiento explícito de la humanidad y subjetividad de los participantes en el diálogo como sujetos con pretensión seria de verdad y veracidad. De lo contrario es imposible que se dé el diálogo. El monólogo no es lo propio del logos.
Estas razones aspiran a eso, no sólo a ser comunicadas, sino a ser dialogadas, pensadas, razonadas y si es posible debatidas, para que discurra la razón. Como todo ejercicio de la razón, la exposición abierta a la crítica es condición de posibilidad de la continuidad del diálogo, es decir, de seguir  ejerciendo las razones con la actualidad del decir que son las palabras, para ampliar y profundizar la subjetividad del boliviano, con quien estamos intentando dialogar de modo inmanente en este pequeño diálogo.
Pero estas razones son críticas, en el sentido de que aspiran a mostrar con entendimiento el origen de la crisis nuestra. Así también esta crítica pretende explicar con razones la situación crítica en la cual nos
encontramos, para en la medida de las posibilidades y limitaciones de este texto, producir conocimiento de lo que acá concebimos como “lo constitutivo de lo boliviano”, es decir, estas razones aspiran a producir por el conocimiento –que en este caso es auto-conocimiento- una crisis.
Si cumplen con su cometido, lo dirán las generaciones de jóvenes bolivianos en quienes se estuvo pensando, mientras estas ideas, nociones e hipótesis iban madurando, porque quienes han envejecido intelectualmente,
ya creen que saben o conocen lo que es Bolivia y por eso no sienten la necesidad de pensarla con todo rigor. Sólo quien sabe que no sabe, está dispuesto a aprender, a entablar sus pretensiones y discutirlas, sólo quien no se ha dejado convencer por las ideas dominantes, está dispuesto a dudar de lo obvio, a cambiar de ideas, de conceptos, y por qué no, de paradigmas, o de proyectos de vida y de nación.
Una crítica de la razón es necesaria, cuando el sistema anterior de ideas, ya no funciona. La necesidad de producir otro marco conceptual surge de la necesidad de concebir otra idea de comunidad, de sociedad, de nación y de humanidad. Por ello es necesaria la crítica, para producir más conocimiento pertinente a lo que se quiere hacer y construir como futuro.
Por ello es que una crítica de la razón siempre empieza dudando del presente, cuestionándolo, mostrando sus contradicciones y sus limitaciones, pero también mostrando sus posibles salidas.
En filosofía una crítica de la razón es un ajuste de cuentas de la razón consigo misma, por ello es que esta reflexión aunque aspira a producir una crítica de la razón, todavía no es filosófica, sino que haciendo uso de la reflexibidad filosófica, intenta reflexionar al interior de la subjetividad  boliviana, por eso lo que ensaya con la razón este texto es critizar sólo “una” forma de ejercer la razón, y no la razón en general ni mucho menos
universal. De ahí que este “ensayo1” sea sólo una “introducción” para justificar argumentativamente la necesidad de producir una crítica de la razón en nuestro medio. Por ello es que esta crítica… es sólo situacional, relativa a un mundo de la vida, que conocemos como Bolivia. Aspira solo a iluminar con el entendimiento, es decir, con el ejercicio de la razón lo que fuimos, lo que somos, y lo que podemos ser. Así lo criticado no es algo que esté allá afuera, sino la interioridad nuestra, con la que habitual y cotidianamente con-vivimos con nos-otros y con el mundo.
Producir una crítica de la razón boliviana habrá sido suficiente, si ella contribuye a aclarar la aparente insolubilidad de nuestras contradicciones, si el ejercicio o uso de la razón produce auto-conocimiento, el cual es condición de posibilidad para desarrollar la idea y la realización de lo que queremos ser y hacer con lo que llamamos Bolivia.
La irracionalidad de la racionalidad moderna aspira a anular cualquier otra concepción de racionalidad que no sea occidental. Todavía no lo ha logrado, por eso es que hacer uso de otra concepción de la razón, sea tan urgente y vital como querer construir un nuevo mundo donde todos podamos producir, reproducir, ampliar y desarrollar una forma distinta de vida.
   Juan José Bautista S. 
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