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sábado, mayo 31, 2014

EL TERRORISMO GLOBAL

Por Rafael Bautista S.

La actualidad del terrorismo evidencia las consecuencias de un mundo sin alternativas. El triunfalismo neoliberal propició, de este modo, su más temible utopía: el fin de todas las utopías. En eso consistía la última conquista moderna. Por eso, el fin de la guerra fría dio lugar al frío de la guerra infinita. El triunfalismo de haber vencido al “big red dog”, ponía al “mundo libre” sin rival alguno; ya no tenía que demostrar nada, había conquistado todo, el mundo ya no tenía más alternativas. Pero si no hay alternativas, entonces, ¿qué queda? El que acaba con todas las alternativas, se priva a sí mismo de toda alternativa. Lo que le queda es el suicidio. Así amanece el siglo XXI, con el (auto) atentado suicida a los santuarios del mercado: los colosos gemelos.

Se trataba de un deicidio, lo que desata un odio infinito: el bien contra el mal (¿dónde que la modernidad no era religiosa?). La insensatez de la respuesta desata la condición original del conquistador (el inicio de su marcha lúcida hacia la destrucción total): el genocidio global. Pero ahora el conquistador, triunfante, y con la bendición mediática, ya no necesita ocultar sus intenciones. Se hace cínico. Produce terror para acabar con el terror imponiendo más terror. Las crisis que genera ya no le quitan el sueño, pues generando más crisis cree estar lejos de ella y, si pese a todo, la crisis le llega, entonces la exporta. Un mundo sin alternativas es preso del terror. Las guerras de cuarta generación expresan esta apuesta. La reconquista moderna busca acabar con aquello que su tecnología ha desplazado y hecho prescindible: los sobrantes, los pobres del mundo. Ya Toffler sentenciaba, de esta manera, a los “casualties” del mercado: “se los va a cortar brutalmente”.

Por eso las pandemias ya no han de ser casuales, son parte de una estrategia. Si USA ya podía fabricar armas biológicas, en Los Alamos, usando muestras de gripe aviar de la propia OMS; no resulta raro que laboratorios militares gringos ya hayan perfeccionado estas armas con virus porcino, aviar y otros que no tienen respuesta inmunológica. Diversas investigaciones actuales señalan que estos laboratorios han alterado enfermedades virulentas, de tal modo, que ya no hay defensa contra ellas y que éstas, además, han sido esparcidas en diversos lugares del planeta. Algo que llama la atención: en 1971, la CIA había proveído a gusanos cubanos de virus que causan fiebre porcina; seis meses después, en Cuba, se tuvo que sacrificar medio millón de puercos y, ojo, la población fue posteriormente afectada por el dengue (la reciente epidemia de dengue que sufrió Bolivia, podría estar ligada a algo que ya se venía denunciando: la fumigación sospechosa de extensas áreas del Chapare, por parte de la DEA, antes de su retiro forzoso).
Esto es parte de una planificación del desastre o una producción por la destrucción, como aquella que sufren los animales que luego, son consumo humano (el hacinamiento, la alimentación artificial de suplementos hormonales y químicos –que coadyuvan a la evolución de enfermedades patógenas–, responden a un principio de rentabilidad, inherente a la lógica del capital); pues estos son objeto, dentro de la producción pecuaria, de un descuartizamiento físico y psicológico: todo esto es posteriormente depositado en nuestra corporalidad porque es nuestro alimento principal. Un modo de producción es también responsable de estas hecatombes. Lo cual se halla además relacionado con toda una estrategia global de expansión de mercados. La gripe porcina aparece justo cuando las grandes corporaciones farmacéuticas registran serias bajas en sus cotizaciones; es el caso de la suiza Roche, que controla el 90% de tamiflu (producto altamente demandado para contrarrestar la gripe porcina). Para poner el cherry sobre la torta: Gilead Science Inc., tiene los derechos sobre el fármaco tamiflu y, cosa curiosa, Donald Rumsfield, ex secretario de defensa de la administración Bush, dirige tal consorcio. Provocar una pandemia se trataba de un negocio altamente rentable.