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sábado, mayo 31, 2014

BOLIVIA: ¿POR QUÉ PIERDE EL MAS?

Por Rafael Bautista S.
Tres falsas afirmaciones derraman sus condimentos en las agendas de los análisis post-electorales; desde las cuales se vienen aseverando, ya sea, pronósticos aciagos (por el lado de la oposición) o tercos empecinamientos (por el lado del gobierno). Pero ninguna de ellas puede explicar el fenómeno que, en vano, se trata, una y otra vez, de despachar. La cuestión vuelve porque no es cuestión resuelta. Preocupa (sobre todo al ámbito popular). Y es bueno que así sea. Eso demuestra que no se trata sólo de “errores”, sino de algo mucho más grave: ausencia de perspectiva. Esa ausencia genera, inevitablemente, ceguera en la estrategia y, en consecuencia, los desplomes repetidos de quien no sabe para dónde va. Cuando no se tiene clara la perspectiva que se pretende seguir, la política degenera en el circunstancialismo o coyunturalismo, o dicho con mayor precisión: en el electoralismo; la falta de visión nos hace revolcar en lo inmediato, y en lo inmediato, lo que se pierde es dirección. Sin dirección no hay estrategia que valga. Por eso sucede la improvisación, el apresuramiento, la impaciencia. Hay ligereza en el juicio cuando no hay detenimiento en la reflexión; cuando faltan argumentos, es cuando el discurso degenera, y tapa aquella falta con la ofensa y la condena (pero esto ya no congrega, el grado de aglomeración que genera es proporcional al tamaño del carisma del que impreca). Es curioso cómo, la receta rancia de la derecha, es calcada por candidatos (oficialistas) improvisados que no saben cómo distanciarse de aquello que critican.
La receta de los insultos y los improperios era la única que proclamaba la derecha (en la Asamblea constituyente, por ejemplo); por eso es raro que ahora la usen quienes debieron aprender que el tiempo de la confrontación estaba superado (si influyeron los asesores de derecha, fue por el desvarío de algunos que no poseen ni siquiera el tino de saber con quién se meten). Con el 64% de diciembre pasado, debía de pasarse a otro tiempo político. Pero, al parecer, la resaca del triunfo enturbió el proceder de los “profesionales”. Moraleja: el triunfo no asegura la victoria. Lo que ofrece un triunfo son más posibilidades que la derrota (pero, inclusive, si hay capacidad de visión, una derrota puede procurar un triunfo). Si no hay sabiduría, no sirven de nada los triunfos; es más, lo peor que le puede pasar a la arrogancia es el triunfo. Por eso las derrotas sirven. Sirven para hacer autocrítica, siempre y cuando se esté en la predisposición a hacerlo. Por eso tampoco las derrotas son el acabose. La derrota nos derrota si no hay capacidad de asumir la derrota. Es lo que aprendemos de las crisis: las crisis no derrumban a nadie, lo que puede derrumbarnos es el no enfrentar una crisis. Por eso las crisis son el ámbito, por excelencia, de generación de conocimiento.