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sábado, mayo 31, 2014

¿HAY UNA VENEZUELA SIN CHÁVEZ?

Por Rafael Bautista S.
“Esta mi vida ya no es mi vida,
yo ya no soy yo,
soy todo un pueblo”
Hugo Chávez

Las preguntas que ahora abundan en las cadenas mediáticas dan cuenta de un afán solapado de discontinuidad en un proceso al cual quisieran ver concluir, de una vez por todas. La sombra de Chávez perturba, porque ya se intuye que no es, precisamente, una sombra inofensiva. Por eso hay una insistencia en matar mediáticamente al líder, y dejar a todo un pueblo huérfano en su propia suerte. Pero el pueblo no renuncia a su líder, porque sabe que lo que vive en el pueblo, no muere jamás. En ese sentido el pueblo es sabio: el deceso físico no quiere decir la muerte del líder; porque lo que éste representa excede su sola presencia.
Entonces, ¿será cierto que los muertos están muertos? Si la vida no se reduce a la pura existencia física, ¿será que la vida se acaba cuando se atraviesa el umbral de la muerte? Resulta curioso que una mentalidad dizque cristiana crea que la muerte acaba con la vida; pues todos los cálculos mediáticos y políticos que se desprenden de la supuesta “Venezuela sin Chávez”, parten de aquel supuesto. Si el supuesto fuera cierto, entonces la realidad quedaría desmentida (y la fe que tanto pregona sobre todo la mentalidad conservadora). Para desmentirla se acude a la calumnia, pero la calumnia también se engaña, pues no descubre nada sino ensucia todo; lo peor: no permite que la propia realidad interpele sus opacas certidumbres.
Si todo se acabara con la muerte, entonces la fe quedaría en nada. A propósito de la reflexión que hacían los religiosos en las exequias del presidente Chávez –y que los políticos deberían aprender a tematizar–, la muerte del líder de un pueblo es ahora motivo para cuestionar nuestras creencias y para limpiar la propia política de su anti-espiritualidad. Pues el fenómeno de la resurrección tiene que ver con el triunfo de la vida sobre la muerte, por eso dice el Evangelio (dado a los pobres): quien cree en mí tendrá vida eterna. Si eso es cierto, la muerte no es nunca el fin. Entonces, ¿cómo el muerto podría abandonar a los vivos? ¿Cómo un pueblo podría quedarse sin su líder?
Venezuela no está sin Chávez, porque Chávez está ahora más vivo que nunca. El pueblo así lo sabe, por eso los testimonios abundan: todo el amor que tenía hacia su pueblo, ya no le cabía en el pecho, por eso se le ha desbordado, para abrazar a todos. Por eso se dice que la Iglesia verdadera está en el pueblo, por eso la “buena nueva” es para los pobres, porque son ellos los “hermanos menores” que claman a los cielos por un redentor que les muestre el camino (que es siempre “camino de vida”) de su liberación. Por eso hay líder. Porque la liberación no es sólo cuestión de ideas sino de ejemplo de vida, y éste es fundamental para que las ideas hagan carne (de lo contrario las ideas se las llevaría el viento).